La tutora me escribió para que medicara a mi hijo. Este curso me ha escrito para preguntarme qué le estamos dando
Llamadas del cole casi a diario, un registro de conducta sobre la mesa y la palabra «medicación» en cada tutoría. Lo que nadie me explicó: por qué Hugo aguantaba tres horas con los Lego y cinco minutos con una ficha.

Era el noveno correo del curso. Y le contesté lo mismo de siempre: «Gracias por avisarme. Estamos trabajando en ello».
Cerré el portátil y me quedé mirando la pared.
Hugo tiene 8 años. Es listo, gracioso y cariñoso. Te explica el sistema solar entero si le dejas. Y en el cole era «el niño que molesta».
El móvil ya me daba miedo
En mayo dejé de contar las llamadas. Que si se había levantado otra vez. Que si había tirado el estuche. Que si había que ir a buscarlo.
Yo trabajo con horario partido. Cada llamada era salir corriendo, pedirle perdón a mi jefa y volver con el estómago encogido. No podía ni trabajar tranquila.

Dos veces en una semana me lo mandaron a casa. Con siete años.
La reunión
Al final me citó. Me sentó al otro lado de una mesa con un registro de conducta impreso: tres semanas de marcas. Cada interrupción, cada vez que se levantaba, cada vez que hablaba sin turno. Con fecha. Subrayado.
Me dijo que llevaba catorce años dando clase. Que Hugo era un niño listo. Y luego lo soltó:
«Creo que ha llegado el momento de hablar con su pediatra de la medicación. Algo tiene que cambiar. Y sinceramente, también ayudaría a los demás alumnos.»
«Molesta bastante.»
Ahí lo entendí. No se trataba de que Hugo estuviera bien. Ni de que dejara de comer o perdiera la chispa con el metilfenidato. Se trataba de tener una clase más silenciosa.
En casa, mi marido: «A lo mejor ha llegado el momento de probar la pastilla. Solo para ver». Mi suegra: «En mis tiempos los niños salían adelante sin tanta historia».
Y yo, sin saber explicarme.

Esa noche, en la cama, Hugo me preguntó:
«Mamá, ¿yo soy el niño malo de la clase?»
No supe qué contestarle.
Lo probé todo
Castigos. Premios. Una tabla de puntos en la nevera. Academia por las tardes, 120 € al mes. Una profesora particular. La orientadora del cole, con lista de espera. Fuera pantallas. Magnesio. Omega-3.
La agenda seguía volviendo en blanco. Y los deberes eran dos horas de guerra que acababan con los dos llorando.
Tres horas con los Lego. Cinco minutos con una ficha.

Eso fue lo que me volvió loca durante dos años. Si puede concentrarse tres horas con los Lego, ¿por qué no aguanta cinco minutos con una ficha?
Porque no es falta de ganas. Su cerebro va en reserva.
La dopamina y la noradrenalina son el combustible para mantener la atención en lo que no le apetece. En un niño como Hugo, ese depósito va en reserva. Con los Lego, el propio juego le da el combustible. Con una ficha no hay nada, así que su cabeza busca cualquier cosa que le active: levantarse, hablar, tocar al de al lado.
Y no falla solo eso. En el TDAH fallan cuatro piezas a la vez: la dopamina, la noradrenalina, la serotonina (por eso «salta» cuando algo no le sale) y el GABA, el freno que le permite calmarse.
Por eso la pastilla funciona en clase: el metilfenidato fuerza la dopamina. Pero solo esa. Y por eso tantos niños aguantan sentados toda la clase de mates y se derrumban a las cuatro de la tarde, sin comer y sin dormir.
La especia que compararon con esa pastilla
Lo encontré a las dos de la mañana, como todo lo que he encontrado sobre Hugo: el azafrán. El de La Mancha.
Actúa a la vez sobre la serotonina, la dopamina, la noradrenalina y el GABA. Las cuatro piezas.
En 2019 lo compararon en niños con TDAH contra el metilfenidato. Seis semanas. Padres y profesores no vieron diferencias entre los dos. En 2021, en niños que ya tomaban la pastilla, los que añadieron azafrán mejoraron más. Y en 2022 lo volvió a estudiar un hospital de Madrid, el Puerta de Hierro.
En todas las tutorías y consultas de dos años, nadie me lo había nombrado.

Lo que le damos ahora
Las Gominolas de azafrán de Nordian juntan las piezas en una: extracto de azafrán affron® (desarrollado en España), GABA, L-teanina, pasiflora, magnesio y vitamina D.
- Una al día, con el desayuno. Sabe a frutos rojos: para Hugo es una chuche.
- Sin estimulantes. No le acelera: le da el combustible que le faltaba.
- Sin melatonina y sin hipérico.

Lo que pasó
Empezamos a finales de agosto, antes de que arrancara el curso.
Segunda semana: hizo los deberes del verano sin llorar. Él solo. Le miré desde la puerta sin decir nada.
Primer día de cole: «¿Qué tal?». «Bien». Y se fue a jugar. Antes, a esa pregunta le seguía una lista de castigos.
Tercera semana de curso: abrí la agenda y me encontré esto.

Y la semana pasada, a las 19:41, me llegó este WhatsApp:

Le contesté: «Sin medicación. Solo estas gominolas».
Hugo ya no pregunta si es el niño malo. El otro día, merendando, me soltó: «Mamá, ahora entiendo lo que explica la profe».
Si el cole te llama casi cada día
No es mala educación. No eres mala madre. Y no tienes que elegir entre una pastilla y un hijo que sufre cada día en clase.
Lo que sí haría distinto: ir a la siguiente tutoría con un plan. Con el plan de 5 bolsas regalan un Kit para el cole: una carta para la tutora, las adaptaciones que puedes pedir en el aula y una hoja de seguimiento casa-cole. Es la carta que a mí me habría ahorrado medio curso.
Ahora tienen la oferta de vuelta al cole, con el Kit para el cole de regalo.
La oferta de vuelta al cole

Plan de 10 meses (o para 2 hermanos)
5 bolsas: una gominola al día durante 10 meses, por 0,35 € al día.
Incluye GRATIS el «Kit para el cole» (19 €), la «Rutina de mañanas sin gritos» (12 €) y el «Diario de 8 semanas» para enseñarle el cambio a la tutora (9 €).
¿Prefieres empezar con menos? «Compra 2, llévate 3» incluye la rutina y el diario.
Garantía Mañanas Tranquilas: 60 días. Si no ves el cambio en tu hijo, te devuelven el 100 % de tu dinero, aunque os hayáis acabado las bolsas. Y los regalos te los quedas.
No eres la única
Estos son mensajes reales que escribieron otras madres en foros:
«Me llaman del cole casi todos los días para que vaya a buscarlo. No puedo ni trabajar tranquila.»
«Los profesores lo ven como un estorbo y nos han invitado muy cortésmente a irnos.»
«Es un calvario diario: las tareas de clase y estudiar. Estamos perdidos y su agenda siempre está en blanco.»
Yo era una de ellas. Hugo sigue siendo Hugo: el que te explica el sistema solar entero si le dejas.
Solo que ahora también lo explica en clase.
